La verdad no se de donde lo tomé, seguro que no es mio, pero lo uso como si lo fuera. En mi tierra, a quien se lo digo sonríe, encadena dos o tres palabras y ya tema concluido, acá es diferente, mi cara que evidencia que no soy de aquí acompañada de esta frase, a la mayoría los deja con cara de signo de interrogación, a otros (los menos), les causa indignación y sorpresa; por ultimo a los mas des complicados, despiertos y rápidos demente, les causa gracia, me responden con otra frase igual o aun mas graciosa y tan contentos todos.
El caso es que cuando voy a cancelar alguna cuenta en una cafetería, un almacén de ropa, en cualquier lugar, siempre pregunto ¿Cuanto es y por qué tanto?
-Pero si aun no te he cobrado, -Porque nuestros productos son de gran calidad, etc.
Yo creo que todo surge de la vieja costumbre de pedir descuento que tenía mi abuela. Cuando la acompañaba a hacer mercado en la central de abastos, ella siempre pedía una
reabjita en el precio, cualquier cosa y generalmente lo conseguía. Yo adopté esa costumbre y en casi todas partes pido descuento, lo que siempre es mas fácil si previamente ya hemos sonreído todos los presentes.
Para no ir más lejos, ayer acompañé a mi esposa y a una amiga a comprar zapatos, botas para ser mas exactos. Para mí, una pasta, 120€ y 100€ respectivamente. Después de la consabida prueba del calzado, de la caminata por todo el local y de varias miradas al espejo, llegó la hora de preguntar ¿cuanto es y porque tanto? A la buena mujer que nos atendía le ofrecí 200 por los dos pares y me dijo que no podía. Ella prefirió bajar las primeras a 110 y las segundas a 90. Para ella era un buen negocio y para mi también, aunque yo no las pagué. Lo que no hice fue cobrar mis 20€...